Casiopea.

Hoy he entrado en la librería CASIOPEA, cerca del mar, cerca de los barcos que van a Tabarca. He entrado yo pero antes ya lo había hecho el sol. Y el capitán Nemo. Y Pepa Pig, que le sacaba punta a una zanahoria olvidada por el conejo de Alicia. En esta librería las paredes se visten con libros y colores, dispuestos en estanterías muy formales, serias como notarios y a nivel. Del techo cuelga un espanta-sueños, confeccionado con plumas de flabelo egipcio. También hay una bruja sin escoba que me mira desde la portada de un enorme libro. Yo pensaba que si me quedaba mirando la verruga de la nariz me iba a caer en la olla donde preparaba pócimas con mala intención.“Es la bruja Maruja”, me dijo Casiopea, la librera. La mujer estaba limpiando un unicornio de juguete sin ninguna prisa, inmersa en el universo sugerido por el ambiente, rodeada de libros. Ciertamente el tiempo parecía no haber entrado en la tienda. La tienda de los libros. Esto es una librería: una tienda de libros donde una o varias personas acercan la fantasía y el saber a aquellos que los buscan o los necesitan. Y se necesitan más librerías, y más cines, y más comercios de cercanía. Y es bueno que las personas nos miremos a los ojos y hablemos. Es lo que me ha pasado con Casiopea, la librera. Hemos hablado y hablado. Y llevamos hablando seis años aunque parezca que fue esta mañana cuando entré en su librería. 

Gracias por enseñarme tantas cosas Carmen.